domingo, 29 de octubre de 2017

Sin Esperanza

Corría el mes de noviembre, la cuidadora nocturna se había desplazado obligatoriamente a
Cataluña, por motivos personales y se planteaba el problema de la atención de la abuela. Los hijos estaban reñidos entre ellos y no había posibilidad de arreglo, uno estaba desplazado de la ciudad de residencia y las otras dos, hembras, el trato brillaba por su ausencia.
 Una de ellas, la más pequeña, ante el problema que se suscitaba, decidió trasladar a la abuela a su domicilio, para poder cuidar de ella, con más atención, ya que la hija mayor no se responsabilizaba de tal obligación.-
La abuela fue trasladada al domicilio de la hija pequeña y ocupó un dormitorio vacío, ya que los nietos eran todos mayores y estaban emancipados.
Su vida a partir de dicha fecha fue placentera, se pasaba las horas haciendo sus pequeñas labores, leyendo revistas y sobre todo, viendo la televisión. Todas las tardes, una vez que habíamos comido, se echaba su pequeña siesta en su butaca y a la hora del serial Acacias 38, que había comenzado hacía pocos días, ya estaba preparada para ver el capítulo del día. Su cumpleaños lo celebró junto a su hija menor, sus nietos y bisnieto y con el consiguiente disgusto, porque ni su hijo, ni su hija y nietos la habían felicitado por su cumpleaños.-
Todo fue perfectamente hasta la madrugada del día 15 de diciembre en la se levantó para ir al baño, perdiéndose por la vivienda, nueva para ella y ocasionándose con ello una caída, que no le produjo daño físico alguno, pero sí, a partir de ese momento, su mente empezó a tener enormes lagunas, que condicionaba constantemente sus actos.
Probablemente habría sufrido algún problema mental, porque a partir de ese momento su pronunciación quedó  afectada y las lagunas  mentales aumentaron considerablemente.
La visita del médico despejó la incógnita. Efectivamente había sufrido un trombo cerebral, es decir: en algún momento el cerebro había tenido una pequeña perdida de riego que le había afectado, por esa razón su pronunciación había sufrido alteración.
Los días siguientes fueron muy importantes porque observamos como poco a poco, recuperaba la cordura y tan solo en algunas ocasiones volvía a tener lagunas y a no saber quién era y lo que hacía.

A pesar de todo los vaivenes que la salud le estaba ocasionando, no olvidaba las fechas que vivíamos y fue el día de Nochebuena, cuando lo pasó peor, ya que estuvo todo el día esperando la llamada de algunos de sus hijos o nietos, que vivían fuera y no se separó del aparato inalámbrico de teléfono en todo el día. Ya por la noche, cuando estaba cenando con su hija pequeña y sus nietos y bisnieto, no pudo llegar al final de la cena y pidió a su hija acostarse, para sufrir en la soledad de su habitación, el enorme disgusto que había producido al sentirse totalmente abandonada por sus dos hijos, que ni en la noche  de Nochebuena, pudieron a hacerla feliz con una simple llamada telefónica.
Así estuvo durante algunos días hasta el día 28 de diciembre en la que, también de madrugada sentimos ruidos en su habitación y pudimos observar que se había levantado de la cama, se había despistado en la estancia y nuevamente se había caído, estando en el suelo, sin ningún golpe ni herida, pero con lagunas enormes del conocimiento y sin ser dueña de sus actos.
Nuevamente recibió la visita del médico y de nuevo nuestra pregunta fue: ¿le volverá a repetir en lo sucesivo?. La respuesta fue: yo no soy ni Dios ni adivino. El riesgo  es que le vuelva a repetir más agresivamente y entonces puede ocurrir de todo: quedar como un vegetal hasta que llegue su final, o su final directamente. Ese es el riesgo que corre y no hay más remedio que encomendarla al Todopoderoso para que la proteja y el día que tenga que llevársela,  la llame sin problemas y sin que ella se dé cuenta de nada.
En dicha visita el médico le ofreció a su hija la posibilidad de trasladarla al Hospital Ntra. Sra. del Pilar de la ciudad, donde acogen enfermos que estado terminal.- Su hija no quiso acceder a la propuesta, ya que era voluntad de la enferma, no ser internada como no fuera por causas extremadamente obligatorias y éste no era el caso.-
Así las cosas y viendo que podrían seguir sucediendo estos episodios, preparamos su habitación con aquellos elementos necesarios para un cuidado especial y dotamos su cama de barandilla de protección, el colchón fue sustituido por otro más apropiado para tal fin y al mismo se le dotó de un protector antiescara.
Así las cosas y como veíamos que la enferma no remontaba y que su estado era cada día más preocupante, su hija pequeña, con quien convivía y la cuidaba, decidió poner en conocimientos de sus hermanos las condiciones en la que se encontraba su madre, realizando una llamada telefónica a su hermana mayor para informarles del asunto.- Ésta recibió la llamada cuando se encontraba de vacaciones en Benidorm y ante la situación que se le presentaba, le dijo a su hermana que la llamara en caso de que ocurriera lo inevitable, ya que ella acababa de llegar a Benidorm y no iba a perder el valor del viaje, ante tal circunstancia.-
No habían pasado más de dos días desde que el médico nos informó de lo sucedido, cuando en la madrugada del 21 al 22 de marzo, después de haber estado durante todo el día con una respiración forzada, fue notándose su empeoramiento a los largo del día y fue en la madrugada, cuando nos dejó para siempre.- La hermana mayor fue informada y no calló muy bien la noticia, ya que tuvo que abandonar sus vacaciones.- El hijo, único varón de la familia y el que siempre había sido el “ojito derecho” de su madre, no pudo acudir al entierro, por encontrarse malo, con gastroenteritis.-
Su capilla ardiente estuvo instalada todo el día, hasta la hora del sepelio, en el Tanatorio de la ciudad y allí acudieron a darle el último adiós, todos sus familiares, primos, sobrinos y amigos de sus hijos, incluso de los no presentes.- En la capilla del Tanatorio se realizaron las exequias y su cuerpo fue trasladado a Mérida, para su incineración.- Sus restos fueron depositados en su nicho del Cementerio de la ciudad.- 

lunes, 23 de octubre de 2017

El Tonto del Pueblo

Se cuenta que en una ciudad de nuestra extensa piel de toro, un grupo de personas se divertían con el “ tonto del pueblo “, como así se les llamaban antiguamente a aquellos pobres infelices que,  aquejados de algún mal mental, vivían haciendo pequeñas cosas y recados a los demás, recibiendo a cambio, algunas monedas por su quehacer.-
                Algunos “ avispados “ de la ciudad, cuando tenían ganas de juergas y jaranas, llamaban al “pobre tonto “, al bar donde se reunían, para pasar a su costa, un buen rato y reírse del pobre infeliz.- Le ofrecían escoger entre dos monedas: una grande de 50 céntimos y otra más pequeña de tamaño, pero de un euro.-

                El susodicho, siempre se quedaba con la más grande y de menos valor, lo que era motivo de risas y chanzas entre los presentes.-
            
   Un buen día, un forastero que había observado el espectáculo y vio como se reían del pobre inocente,  le llamó aparte y le preguntó si no había observado que la moneda de mayor tamaño, era la de menor valor, a lo que inocente le respondió:  -Lo sé, señor, no crea usted también, que soy tan tonto-…  Sé que su valor es la mitad, que la de la moneda pequeña, pero también sé, que el día que escoja la otra, se acaba el jueguito y por tanto dejaré de ganar monedas.-

                Esta historia nos hace recapacitar y pensar:

n  Quien parece tonto, no siempre lo es
n  ¿Quiénes son realmente los tontos de esta historia?
n  Que puedes estar dichoso cuando la gente habla bien de ti.

Moraleja:

Pero, … ¿no sería más importante lo que yo pienso de mí mismo, que lo que los demás puedan pensar de mí?

El futuro soñado

  I En horas largas de arduo sacrificio, dejaste sueños por un noble afán, renunciando al descanso y al diván de momentos con famili...