Corría
el mes de noviembre, la cuidadora nocturna se había desplazado obligatoriamente
a
Cataluña,
por motivos personales y se planteaba el problema de la atención de la
abuela. Los hijos estaban
reñidos entre ellos y no había posibilidad de arreglo, uno estaba desplazado de
la ciudad de
residencia y las otras dos, hembras, el trato brillaba por su ausencia.
Una de
ellas, la más pequeña, ante el problema que se suscitaba, decidió trasladar a
la abuela a su domicilio, para poder cuidar de ella, con más atención, ya
que la hija mayor no se responsabilizaba de tal obligación.-
La abuela fue trasladada
al domicilio de la hija pequeña y ocupó un dormitorio vacío, ya que los nietos
eran todos mayores y estaban emancipados.
Su vida a partir de dicha
fecha fue placentera, se pasaba las horas haciendo sus pequeñas labores, leyendo
revistas y sobre todo, viendo la televisión. Todas las tardes, una vez que
habíamos comido, se echaba su pequeña siesta en su butaca y a la hora del
serial Acacias 38, que había comenzado hacía pocos días, ya estaba preparada
para ver el capítulo del día. Su cumpleaños lo celebró junto a su hija menor, sus
nietos y bisnieto y con el consiguiente disgusto, porque ni su hijo, ni su hija
y nietos la habían felicitado por su cumpleaños.-
Todo fue perfectamente
hasta la madrugada del día 15 de diciembre en la se levantó para ir al baño,
perdiéndose por la vivienda, nueva para ella y ocasionándose con ello una
caída, que no le produjo daño físico alguno, pero sí, a partir de ese momento,
su mente empezó a tener enormes lagunas, que condicionaba constantemente sus
actos.
Probablemente habría
sufrido algún problema mental, porque a partir de ese momento su pronunciación
quedó afectada y las lagunas mentales aumentaron considerablemente.
La visita del médico
despejó la incógnita. Efectivamente había sufrido un trombo cerebral, es decir:
en algún momento el cerebro había tenido una pequeña perdida de riego que le
había afectado, por esa razón su pronunciación había sufrido alteración.
Los días siguientes fueron
muy importantes porque observamos como poco a poco, recuperaba la cordura y tan
solo en algunas ocasiones volvía a tener lagunas y a no saber quién era y lo
que hacía.
A pesar de todo los
vaivenes que la salud le estaba ocasionando, no olvidaba las fechas que vivíamos
y fue el día de Nochebuena, cuando lo pasó peor, ya que estuvo todo el día
esperando la llamada de algunos de sus hijos o nietos, que vivían fuera y no se
separó del aparato inalámbrico de teléfono en todo el día. Ya por la noche,
cuando estaba cenando con su hija pequeña y sus nietos y bisnieto, no pudo
llegar al final de la cena y pidió a su hija acostarse, para sufrir en la
soledad de su habitación, el enorme disgusto que había producido al sentirse
totalmente abandonada por sus dos hijos, que ni en la noche de
Nochebuena, pudieron a hacerla feliz con una simple llamada telefónica.
Así estuvo durante algunos
días hasta el día 28 de diciembre en la que, también de madrugada sentimos
ruidos en su habitación y pudimos observar que se había levantado de la cama,
se había despistado en la estancia y nuevamente se había caído, estando en el
suelo, sin ningún golpe ni herida, pero con lagunas enormes del conocimiento y
sin ser dueña de sus actos.
Nuevamente recibió la
visita del médico y de nuevo nuestra pregunta fue: ¿le volverá a repetir en lo sucesivo?.
La respuesta fue: yo no soy ni Dios ni adivino. El riesgo es que le
vuelva a repetir más agresivamente y entonces puede ocurrir de todo: quedar
como un vegetal hasta que llegue su final, o su final directamente. Ese es el
riesgo que corre y no hay más remedio que encomendarla al Todopoderoso para que
la proteja y el día que tenga que llevársela, la llame sin problemas y
sin que ella se dé cuenta de nada.
En dicha visita el médico
le ofreció a su hija la posibilidad de trasladarla al Hospital Ntra. Sra. del
Pilar de la ciudad, donde acogen enfermos que estado terminal.- Su hija no
quiso acceder a la propuesta, ya que era voluntad de la enferma, no ser internada
como no fuera por causas extremadamente obligatorias y éste no era el caso.-
Así las cosas y viendo que
podrían seguir sucediendo estos episodios, preparamos su habitación con
aquellos elementos necesarios para un cuidado especial y dotamos su cama de barandilla
de protección, el colchón fue sustituido por otro más apropiado para tal fin y
al mismo se le dotó de un protector antiescara.
Así las cosas y como
veíamos que la enferma no remontaba y que su estado era cada día más
preocupante, su hija pequeña, con quien convivía y la cuidaba, decidió poner en
conocimientos de sus hermanos las condiciones en la que se encontraba su madre,
realizando una llamada telefónica a su hermana mayor para informarles del
asunto.- Ésta recibió la llamada cuando se encontraba de vacaciones en Benidorm
y ante la situación que se le presentaba, le dijo a su hermana que la llamara
en caso de que ocurriera lo inevitable, ya que ella acababa de llegar a Benidorm
y no iba a perder el valor del viaje, ante tal circunstancia.-
No habían pasado más de
dos días desde que el médico nos informó de lo sucedido, cuando en la madrugada
del 21 al 22 de marzo, después de haber estado durante todo el día con una
respiración forzada, fue notándose su empeoramiento a los largo del día y fue
en la madrugada, cuando nos dejó para siempre.- La hermana mayor fue informada
y no calló muy bien la noticia, ya que tuvo que abandonar sus vacaciones.- El
hijo, único varón de la familia y el que siempre había sido el “ojito derecho”
de su madre, no pudo acudir al entierro, por encontrarse malo, con
gastroenteritis.-
Su capilla ardiente estuvo
instalada todo el día, hasta la hora del sepelio, en el Tanatorio de la ciudad
y allí acudieron a darle el último adiós, todos sus familiares, primos,
sobrinos y amigos de sus hijos, incluso de los no presentes.- En la capilla del
Tanatorio se realizaron las exequias y su cuerpo fue trasladado a Mérida, para
su incineración.- Sus restos fueron depositados en su nicho del Cementerio de la
ciudad.-

