viernes, 16 de noviembre de 2018

Benditas Flores


                 Vivía felizmente con su esposa desde hacía escasos meses de su boda y la pareja disfrutaba de la felicidad que le reportaba la futura llegada de una criatura que endulzaría sus vidas y consolidaría su matrimonio.- Habían pasado ya los difíciles días que tuvieron que soportar, por la muerte de su padre y la multitud de problemas que tuvieron que soportar en el negocio familiar que su padre regentaba.-
                Ahora en la soledad de su taller, que antes compartía con su padre, no dejaba de recordar cada momento de sus vidas y los problemas e imponderables que tuvieron que sufrir para hacer que dicho taller de reparaciones, encontrara su sitio, dentro de su ciudad, y poder servir a sus clientes con la buena disposición y servicio, que desde el momento de su apertura quisieron ejercer.-

                Habían pasado pocos meses desde el fatal desenlace y a pesar de la enfermedad, intervención quirúrgica  y posterior convalecencia de su ancestro, nunca imaginó que este momento tuviera que llegar y que, como ahora, se encontraría tan solo y desamparado, en un pequeño negocio, que a pesar de su extenso conocimiento del mismo y de su buen hacer, en su trabajo, tenía que hacer frente a todos los problemas que dicha actividad le reportaba.-

             Cada domingo se conducía hasta la tumba de su padre, no solo para obsequiarlo con un bonito ramo de flores, sino también para poder hablar y contarle las luces y las sombras, que dicha empresa le reportaba.-
                 Como estas visitas, no solo fortalecían su espíritu, sino también regeneraban su autoestima, no faltaba a la cita ningún domingo, cargado con su ramo de flores y con su espíritu cargado de dudas, para despachar con su padre.-

                Pronto observó que las flores del ramo, que cada domingo retiraba de la tumba de su padre, estaban vivas aún y que podían seguir luciendo en otro nicho, y tuvo la ocurrencia de colocar éstas  en una tumba que se encontraba encima de la de su padre y que pertenecía a una familia francesa, que tuvieron la mala suerte de encontrar la muerte, lejos de sus casas, cuando disfrutaban de unas desgraciadas vacaciones que los condujeron a estas tierras.-

            Así fueron pasando los meses y durante todo ese tiempo se fueron produciendo, cada domingo, las  mismas ofrendas, las cuantiosas consultas a su ancestro e igualmente fue disminuyendo el dolor, por la pérdida y fueron reduciéndose las visitas.-
                Había pasado ya mucho tiempo, la familia había aumentado, las dudas en la gestión de la empresa  se habían disipado y ésta funcionaba perfectamente, hasta el extremo de tener que buscar ayuda, en otras personas al aumentar la actividad, con la incorporación de nuevos trabajadores y nuevos servicios.

                  Ahora los fines de semana se destinaban al paseo con  la familia o a la salida al campo o a la visita turística a cualquier ciudad o lugar.- En algunas ocasiones o cuando se cumplía el aniversario, se producía la visita a la tumba familiar, eso sí, siempre cargado con su ramo de flores, que embellecerían dicha sepultura hasta la siguiente visita.-

                Cuando se producía una nueva visita, las flores se habían marchitado y en ocasiones los floreros de la tumba, estaban vacíos y secos, ya que el tiempo y en viento se había encargo de limpiarlo, por tanto ya no había flores para la tumba de los franceses.-
                Este buen hombre venía observando, desde hacía algún tiempo que sus costumbres y hábitos se habían alterado, pero no por su voluntad, sino por los acontecimientos que le venían sucediendo.-

                Era tal la preocupación y miedo que tenía, que no quería consultar ni contárselo a nadie, para que no creyeran que no estaba cuerdo.- En ocasiones y cuando estaba en el taller solo, sentía que alguien le golpeaba, en cualquier parte de su cuerpo, pero comprobaba que no había nadie y que estaba solo.- De noche, cuando yacía en su cama descansando al lado de su mujer, comprobaba que le golpeaban en su rostro, en su cabeza o le obligaban a levantarse, cuando observaba que las luces de algunas estancias estaban encendida, en plena noche y sin estar nadie despierto.-
                En ocasiones, observaba como los objetos cambiaban de lugar, como desaparecían, sin que nadie pudiera encontrarlos, como las sillas se movían o balanceaban solas o como la sintonización de la televisión cambiaba de canal, sin que nadie estuviera presente o hubieran hecho uso del  mando a distancia de la TV.

                Cuando estos episodios le ocurrían, sentía algo así como un golpe, un puñetazo en el pecho que le cortaba el aliento y le hacía tambalear. El corazón se le disparaba como el corcoveo  de un  caballo percherón y se le subía la sangre a la cabeza, golpeándoles las sienes, flaqueándose sus piernas y se desplomaba sobre cualquier superficie, como si de una fuerte crisis se tratara.-
                Su esposa también venía observando su conducta y sin decirle nada, continuamente le vigilaba, y había llegado a pensar que su esposo estaba perdiendo la razón, ya que hacia cosas que no venían al caso en algunos momentos y en otras ocasiones parecía que había perdido la memoria y no recordaba nada.-

                Estaba tan preocupada que  contactó con su mejor amigo y con el encargado del taller, para que también ellos pudieran observarlos y poder llegar entre todos a saber y conocer, que era lo que le pasaba a su esposo.- 
                 
                 Cuando los tres volvieron a reunirse,  pasado el tiempo, coincidieron todos en las conductas dispares que le habían observado y creyeron oportuno y conveniente la consulta inmediata y urgente con algún especialista que lo reconociera, lo tratara y le diagnosticara su dolencia.-
                El doctor no encontró ninguna irregularidad, todo estaba bien pero a pesar de ello le aconsejó que lo tratara un psicólogo, ya que esa especialidad era la idónea para su mal.-
                Después de varios meses de tratamiento, el asunto seguía igual, seguía recibiendo los mismos episodios y malos tratos como siempre.- La preocupación del matrimonio era evidente y a pesar de conocer con detalle lo ocurrido, la esposa nunca pudo comprobar lo que sucedía a pesar de las indicaciones que el esposo le hacía, en el mismo momento de producirse.- Ya la preocupación se traducía en miedo y la pareja estaba penando un verdadero calvario.-
               

 Como ya hacía tiempo que no visitaba la tumba de su padre, se le ocurrió hacerle una visita, como las que tantas veces había realizado, en esta ocasión, con su familia.- Cuando entraba por la puerta del cementerio se cruzó con el sacerdote y antiguo profesor de Religión que hacía ya tiempo que no se veían a pesar de ser cliente suyo de su taller y haberle solucionado algunas averías en su antiguo y renqueante auto.-

   Al encontrarse, el cura le preguntó, si eran frecuentes las visitas al cementerio, y si las mismas siempre iban acompañadas del ramo de flores,  a lo que antiguo alumno le informó que al principio eran más frecuente, pero que éstas habían menguado a lo largo del tiempo. También le contó los problemas por los que estaba pasando y no veía viso de solución a pesar de los tratamientos a lo que le habían sometido su médico y su psicólogo.- Se despidieron amablemente hasta que de nuevo volvieran a encontrase.-

                No habían pasado muchos días, cuando una mañana se presenta el cura en el taller de reparaciones para hablar con su antiguo alumno del asunto que le había contado en su anterior encuentro.- Nuevamente éste le cuenta como cada domingo visitaba en el cementerio la tumba de su padre, como le ponía en los floreros las flores que le llevaba y como las flores caducas, se las ponía a la tumba de los franceses.-
                El cura le pregunta, si todavía seguía haciendo lo mismo, a lo que el antiguo alumno le responde que no, ya que sus visitas ahora son esporádicas y las flores están secas y las sustituye por las nuevas.-
                Su antiguo profesor le indica que ya sabe lo que le ocurre y que la solución es muy fácil.- Cada domingo llévale flores también a la tumba de los franceses y verás cómo desaparecen todos los episodios y malos tratos a los que estás sometido.- Así lo hace y desde la primera visita, desaparecen todos los problemas.- El espíritu de los franceses, también querían ser visitados y recordados.-

                Quien me contó la historia, aseguraba que eran hechos reales, a pesar de lo imaginario e incrédulo del asunto.-

miércoles, 10 de octubre de 2018

Abrázame y dime que me quieres


                Se conocían desde niños, sus familias habían mantenido una relación amistosa de vecindad y sus padres mantenían esa comunicación desde jóvenes.- Ellos a pesar de esa relación no habían tenido contacto alguno, hasta el mismo momento en que se conocieron.-
                Eran entonces muy jóvenes. Él con sus amigos habían llegado a entablar relación amistosa con todas las componentes de la pandilla a la que ella pertenecía, por ser todos estudiantes y tener vivencias académicas afines. Y esa unión de pandilla, fue la que los llevó a fijarse mutuamente uno en el otro, y entablar una comunicación, que terminó en un amor infinito al que ninguno renunció en ningún momento, a pesar de todos los escollos, que a lo largo del camino, tuvieron que sufrir.-
                Se unieron, avalados por ese infinito amor, y comenzaron un proyecto de vida en  común y en familia, que aún permanecía.-

                Los hijos, ya emancipados y casados, habían formados sus propias familias y por motivos de trabajos, tuvieron que abandonar su lugar de residencia e ir a vivir a otros lares, con sus respectivas, esposas e hijos y sus contactos y comunicación con los abuelos, era simplemente telefónicos, y para ello, en ocasiones y cuando los deberes y obligaciones se lo permitían.-

                  Por ese motivo, los abuelos vivían solos, en su casa de siempre y en su lugar de residencia  no habiendo tenido que sufrir problemas de dependencia alguna,  porque ambos se encontraron siempre bien y habían podido cuidarse por sí solos, el uno al otro,  hasta el momento fatídico en que la enfermedad hizo su aparición.-

                 Cuando el médico le indicó al abuelo que la enfermedad que observaba en su esposa no tenía viso de solución, ya que la Demencia Senil que observaba en ella, y por los síntomas que el esposo había notado y relatado de: Pérdida de memoria, Bajo nivel de energía, Cambios de  estados de ánimos y Baja atención y orientación,  la conduciría irremediablemente al padecimiento de  Alzheimer.

                 El diagnostico se confirmó, cuando volvieron de una nueva consulta médica, para pedir una segunda opinión.-  Comenzaba en ese mismo instante un cambio sustancial en sus vidas. A partir de entonces se sabía que éstas iban a cambiar y que a partir de ese momento ya nada sería igual, como había sido,  hasta ahora.-
                Los hijos no se enteraron de la gravedad del asunto.- Nunca manifestó a los hijos, la importancia de la enfermedad, quitándole hierro a los hechos. El abuelo solo les indicaba las pequeñas lagunas de memoria que la abuela sufría en ocasiones, por motivo de su edad y los pequeños problemas de motricidad y locomoción, que algunos momento padecía, ¡¡cosas de la edad!!.-

       Las llamadas a partir de entonces, fueron más frecuentes, más rápidas, pero en ninguna de ellas se decía la verdad de lo que ocurría, solo se hablaba de los niños, de sus travesuras, de sus hazañas en las guarderías y sobre todo en lo que estaban creciendo y lo que iban aprendiendo.-


         Pasaron los días, los meses y la enfermedad avanzaba, -en sus distintas fases-, como los médicos habían previsto.- Los procesos de alteración del lenguaje, la imposibilidad de tareas domésticas, las lagunas de memoria, el retorno a su infancia, etc. iban sucediéndose y en ocasiones la abuela también tenía esos momentos que veía el problema y decía:  -“no sé lo que me pasa, pero tengo miedo “-, ¿y de que tienes miedo?, le decía el abuelo y ella respondía: -“no entiendo lo que me pasa, solo sé que te necesito”-. El abuelo, con los ojos llenos de lágrimas le contestaba:  -“sabes que no puedo vivir sin ti”-,  -“ abrázame y dime que me quieres“-, decía la abuela.-

                En otras ocasiones, y cuando los ánimos del abuelo, no estaban bien, como consecuencia de tanto sufrimiento, y en  la abuela se observaban aquellos momentos de lucidez, ésta le decía, -“no me grites, no llores, ten paciencia conmigo”-, pero… -“no te separes de mi “. -“Anda no te enfades, quiéreme siempre hasta el fin de mis días”-. Y como si no hubiera pasado nada, ella seguía en su limbo y él lloraba su desgracia.-

lunes, 13 de agosto de 2018

Los Juegos de nuestra Niñez


Ahora, que la actividad laboral ha decaído considerablemente como consecuencia de la jubilación, fluyen a mi mente, momentos y vivencias, tanto de mi niñez como de mi juventud, vividas

No puedo dejar de recordar, aquellos partidos de fútbol en la calle, cuyos solados  cubiertos de piedras, en más de una ocasión dañaron aquellas botas de becerro, -como vulgarmente les llamaban-, y que con tanto sacrificios nuestros padres nos dotaban. Eran juegos que ha  desaparecido de nuestras calles, como han desaparecido la presencia de nuestros hijos y nietos en ellas, dejando sitio a los innumerables  vehículos, que hoy las ocupan.

En ellas pudimos jugar a aquellos juegos, ya desaparecidos, como fueron: El repion; Los bolos o Canicas; Las latillas o Chapas; La biri; El candaje; Pico, Zorro o Zaina, (-que realmente no se lo que es ni lo que significa-). M, Ladron y Ministro; El salto de la comba, El cala (que se jugaba tanto en solado, como en barro ), y  un sin fin de juegos, que han pasado a mejor vida y que nuestros descendientes nunca practicarán.

Hoy día estamos preocupados por la seguridad y la verdad es que sería totalmente imposible poder jugar en la calle, dadas las circunstancias. ¿Podremos  ver algún día a nuestros hijos y nietos jugar a aquellos juegos, que tan felices nos hicieron?.


viernes, 10 de agosto de 2018

Las Perseidas


SABIAS QUE …..

Las Perseidas son fragmento de un cometa que a cada 130 años aproximadamente va hacia el Sol y deja tras de sí una estela de escombros.-

Esa estela la cruza la Tierra cada año y de esta nube de partículas, no más grande de un gramo, al contacto con la atmósfera de la Tierra y a la velocidad de 59 kilómetros por segundo esa partícula alcanza la temperatura de 5.000 grados, provocando un destello de luz, que percibimos desde la Tierra.-
Esas partículas o Perseidas, llamadas así por provenir de la constelación de Perseo, se les denomina también, lágrimas de San Lorenzo, por ser la fecha en las que pueden aparecer en nuestros cielos.-

Estas estrellas también suelen aparecer en otras épocas del año, en distinto punto de la bóveda celeste, provenientes de otras constelaciones, como pueden ser la Pegaso, Casiopea u Osa Mayor.-

miércoles, 28 de marzo de 2018

La llegada de Isabel


Recuerdo perfectamente ese día, recuerdo como si se tratara que ahora, como aquella mañana llamamos a la abuela para decirle que ya venía el bebé de camino, cuando nos dijo que teníamos que esperar un poco, porque estaba esperando a la Nana que había ido al médico, como si este asunto pudiera esperar.-
                Llegó un  momento en el que les dijimos que si no venía, nosotros marchábamos a Mérida, no sea que el parto no esperara más.- La verdad fue que marchamos a Mérida y rápidamente hospitalizaron a mi mujer y se la llevaron a la Sala de Partos.-
                Nosotros, la abuela y yo nos quedamos en la Sala de Espera, pero como era la hora de comer, le dije a la abuela que si quería comer nos podíamos ir, ya que no sabíamos el tiempo que nos tendrían esperando su llegada.-
                Como por entonces, en la zona limítrofe del Hospital de Mérida, no había locales comerciales, ni tiendas ni restaurantes, -como ahora existen-, tuvimos que irnos a comer al Hotel Zeus, que está en la Avenida de Reina Sofía, junto a la gasolinera que está en la confluencia de la carretera de Don Álvaro.-
                Lo cierto es que tardaron en atendernos y sobre todo en servirnos lo pedido para comer, ya que cuando volvimos al Hospital, después de haber comido yo me dirigí rápidamente a la primera planta, a la zona de quirófanos y esperé allí si alguien me informara.-
                Estaba solo esperando, me parecía raro que solo yo estuviera en dicha situación, ya que en este Hospital vienen al mundo muchas criaturas y era extraño que no hubiera nadie esperando algún alumbramiento, lo cierto era que estábamos en época de carnaval y probablemente habría menos personal atendiendo a los pacientes.-
No habían pasado más de treinta minutos desde mi llegada a la antesala de quirófanos, cuando una señora, vestida con indumentaria verde de sanitario, salió por la puerta de acceso a quirófanos y me preguntó por el nombre de mi mujer, después de dárselo me indicó que mi mujer estaba bien y que había traído al mundo “un bonito y rollizo varón”, a lo que yo le respondí que era imposible, ya que sabíamos que sería una niña.- La comadrona, que resultó ser la persona, que me informaba, me dijo que efectivamente había sido una niña, y que ésta y la madre se encontraban bien, y que muy pronto le llevaría a planta.- Subí para dar la noticia a la abuela, y esperamos la llegada de madre e hija a la habitación, donde pudimos conocerla y ver lo pequeñita que era.-
Para mí, en esos momentos, se me habría un estado de incertidumbre y dudas, yo creo propiciados por la responsabilidad que esos momentos asumías, como consecuencia de tener otro hijo, al que tenías que criar y educar.- Esas dudas, siempre las tuve cuando algunos de mis hijos llegaban al mundo, y ha sido una incertidumbre que ha imperado en mí a lo largo de toda mi carrera laboral, y que no dejado de tener hasta que ellos han resuelto sus futuros, han consolidado su posición social y laboral y han creado una familia, con  la misma responsabilidad que yo siempre tuve.-

viernes, 2 de marzo de 2018

Enfermos


                Ocupaban la habitación de un hospital dos enfermos, uno de ellos muy mal de salud, Juan, y el otro, Pedro, recientemente operado traumatológicamente, después de haber sufrido un accidente de tráfico que lo tendría en cama totalmente inmóvil, durante mucho tiempo.-

                Como pasaban mucho tiempo solos en la habitación, una vez realizadas las visitas médicas y de enfermerías de rigor, además de realizar los correspondientes tiempos de meditación, buenos deseos y buenos propósitos, aún habían tenido tiempo para todo tipo de conversaciones entre ellos.- Hablaron sobre los hijos, la familia, el trabajo, las vacaciones, los hobbies. Conversaron sobre el futbol y los deportes, sobre los políticos y demás personajes y fueron todas estas sinceridades las que contribuyeron a que entre ellos dos naciera una buena amistad, que hacía más llevadera sus estancias en tan incómodo lugar.-

                Juan ocupaba el espacio de la habitación que estaba junto a la ventana, mientras que Pedro ocupaba la parte interior.- Como Pedro no podía levantarse, ni siquiera incorporarse en la cama, debido a sus lesiones y traumas, Juan le servía de reportero que le informaba de todo lo que sucedía fuera del edificio.-

                Todas las tardes, cuando los visitantes y familiares de enfermos abandonaban las habitaciones, después de visitar a sus familiares y deudos, y el hospital quedaba tranquilo hasta la hora de la cena, Juan le contaba a Pedro todo lo que acontecía fuera de aquellas cuatro paredes.- Sentado en su cama, veía desde la ventana un extenso jardín con gigantescos árboles que adornaban, junto con matorrales y plantas ornamentales todo el jardín.- En él observaba como disfrutaban niños jugando en sus columpios, toboganes y demás aparatos infantiles, vigilados directamente por las buenas miradas de sus respectivas mamás que no les quitaban ojos.- En las glorietas y pérgolas más alejadas del bullicio infantil, las parejas de novios se contaban sus cuitas y asuntos, soñaban con sus futuros y entre tantos preciosos proyectos se comían a besos y se prometían amor eterno.-

                En un gran lago, en el centro del jardín se bañaban patos y ánades, que junto con los peces de colores que lo habitaban,  hacían las delicias de los ancianos y paseantes, que en sus orillas los observaban.-
                Todos estos relatos los hacia Juan a Pedro, con todo lujo de detalles y con una exquisitez extrema, que parecían vivir aquellas pintorescas escenas.- Pedro por su parte, postrados en su cama, podía cerrar los ojos e imaginar todos los relatos que Juan le narraba y obsequiaba, cada tarde.-

                Una de aquellas tardes, Juan le describió un desfile cirquense que pasaba justo bajo las ventanas del hospital y Pedro, a pesar de no oír la música del desfile, ni los vítores y gritos de las gentes,  imaginaba todo lo relatado, veía a los payasos y malabaristas, domadores y equilibristas, payasos y contorsionistas y su mente podía captarlo todo con una excelencia de  detalles inimaginable.- Así iban pasando los días y las semanas y los dos enfermos continuaban disfrutando con sus relatos y anécdotas.-

   Una mañana, cuando despertó el día y las enfermeras visitaban a los pacientes para realizarles sus matinales operaciones de aseo e higiene, una observó que el paciente de la cama junto a la ventana, se mostraba inmóvil, sin que su cuerpo ejerciera movimiento alguno.-

    Ésta sorprendida avanzó hacia la cama y pudo comprobar como Juan había dejado este mundo, tranquilo y en silencio durante la madrugada,  y su cuerpo yacía totalmente inerte, en aquella cama que tantas satisfacciones e ilusiones había despertado en su compañero y amigo.-

    Una vez que fue retirado el cuerpo del finado y haber limpiado y desinfectado toda la habitación, volvió Pedro a la misma, para continuar con su convalecencia.-

                Éste quiso vivir por sí mismo todos los relatos a los que Juan le tenía acostumbrado y por dicho motivo, solicitó a la enfermera jefe, que le trasladaran al lugar de ocupó Juan, junto a la ventana, para poder tener la dicha de vivir por sí mismo, aquellas experiencias.-

                Una vez ocupado dicho lugar, se incorporó y estiró su cuerpo lentamente y cuanto pudo, hasta que consiguió que sus ojos divisaran el otro lado de la ventana.-

                 Cuando descubrió que al otro lado solo existía una pared alta y blanca, llamó urgentemente a la enfermera para preguntarle que pudo obligar a Juan a contarles tantas maravillas y vivencias que él observaba, a través de dicha ventana.- Ésta le dijo que lo único que este hombre quiso, fue “darle ánimo”, y hacerle más fácil su trauma, ya que Juan era ciego y no sabía siquiera que allí existiera ese muro, que de ninguna manera podía ver.-


miércoles, 24 de enero de 2018

Madre

A pesar del tiempo transcurrido y a los cambios que puedan haberse originado, desde su partida, no ha pasado ningún día sin su recuerdo, no ha pasado ningún día que no haya venido a mi memoria, alguna imagen suya.

¿Quién no recuerda despertarse en la noche, perdido y con una sensación de angustia y miedo que nos hacía sentirnos ansioso?.-

¿Quién no recuerda nuestra llamada llorosa y exigente, solicitando su defensa?. ¡Madre, Madre!.- Solo con sentir su presencia, bastaba para calmarnos.

¿Habrá alguien que no recuerde estos momentos?. ¿Habrá alguien que haya podido olvidar su fresca sonrisa, su maternal caricia, su reconfortable beso, su amoroso abrazo?.

Hoy, que han pasado algunos años, desde que te fuiste, me viene a mi memoria todos estos momentos vividos a tu lado y he sentido en ellos, no solo tus besos y abrazos, sino también tu olor, tu perfume, tu aroma, tu corazón de madre y sobre todo, tu cariño.


Hoy día se suele decir que los abuelos no mueren nunca, sino que son “invisibles” para sus nietos, por sus recuerdos y vivencias.- ¿Y qué podemos decir los hijos de los padres, que desaparecen,  que se van, que ya no están con nosotros?.- Pues… que “no mueren”, porque mientras que los mantenemos en nuestros recuerdos, viven junto a nosotros, hablamos con ellos, les contamos nuestros asuntos, nuestras alegrías, nuestras tristezas, les pedimos ayuda, les hablamos de nuestros proyectos y les lloramos con nuestras desgracias. ¡Benditos padres!.-

El futuro soñado

  I En horas largas de arduo sacrificio, dejaste sueños por un noble afán, renunciando al descanso y al diván de momentos con famili...