sábado, 26 de agosto de 2017

La importancia de una cita


Es difícil de imaginar que también en el siglo III (d.C.) se disputaran dos jerarcas de la iglesia, dos altos cargos de la misma,  sus propios argumentos sobre el bautismo que se les administraba a los herejes.- Uno, San Esteban, entonces Obispo de Roma y el otro, San Cipriano, Obispo de Cartago.-

                Este segundo, opinaba que aquellos herejes, que volvían de nuevo al redil de la Santa Madre Iglesia, tenían que ser bautizado de nuevo, -por aquello de haber renegado de la Iglesia y haberla abandonado-.  San Esteban, por el contrario, opinaba, que como ya habían sido bautizados, en su primera llegada a la Iglesia, ya no tenían que cumplir tal requisito.-


                La disputa fue tan encarnizada, que el Papa, San esteban, amenazó de romper la comunión con la Iglesia de Asia Menor y la Santa Sede, sino se seguía su criterio.- San Cipriano indicaba al Obispo de Roma, que ningún Obispo puede erigirse sobre otros Obispos ni tratar de imponer una orden o forzar a una obediencia, por su condición de Obispo.-


 
                El Papa, San Esteban, no tuvo más remedio que invocar la cita de ( San Mateo 16,18), en la que Jesús, viniendo de la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos:

     Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?.- A lo que Simón Pedro respondió: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.- Entonces Jesús de respondió: Bienaventurado eres Pedro, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.- Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puerta del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.-


                Esa fue la formula que pudo esgrimir el Papa, para indicarles a todos los Obispos, que él es la cabeza de la Iglesia de Dios en la tierra y que su opinión, es “palabra de Dios”.-

viernes, 11 de agosto de 2017

Rifas en los Festejos Taurinos

Recuerdo aquellos festejos taurinos, celebrados en nuestra bonita Plaza de Toros, cuando al final del mismo se rifaban algunos regalos que a los asistentes al evento esperaban como agua caída del cielo.

Recuerdo que previo al festejo, -que por regla general se celebraba por la tarde o noche-, un camión cargado con todos los regalos a rifar se paseaba por todas las calles de la ciudad, incitando a la gente a que se sumaran a la fiesta y contribuyeran con su asistencia.

En ese camión iban todos los regalos que esa tarde, y al término del Festejo Taurino  se procedería a su rifado, que no era otro que la extracción de un número coincidente con el de la papeleta de entrada, que cada persona compraba para poder acceder a la Plaza y presenciar el evento.

Los regalos, por regla general iban  enfocados a aquellas personas jóvenes, en edad de contraer matrimonio y en la mayor parte de los casos, estos consistían en una Alcoba completa, nueva de matrimonio, -fabricada por algún carpintero de la ciudad-, y en la que no faltaba de nada: la cama, el armario o ropero, las mesitas de noche, con sus candelabros, comodín o tocador, las butacas o descalzadoras, lámpara etc.. Todo ello, y en mismo camión que durante todo el día había visitado todas calles del pueblo, salía al ruedo de la Plaza de Toros, cargado con tan ambicionado tesoro y una vez finalizado el festejo, para que el ganador tomará posesión de su premio.

En otras ocasiones el premio variaba, y en lugar de un dormitorio completo  podría ser una Sala de Estar, una Cocina completa, teniendo en cuenta que aquella época, no había, ni lavadora, ni secadora, ni lavavajillas.


Esta costumbre, con el tiempo, dejó de aplicarse, pero estuvo vigente durante las década de los años 50 y parte de los 60. A partir de esos años, con la llegada de los Planes de Desarrollo del gobierno de entonces, algunas cosas  empezaron a cambiar.

El futuro soñado

  I En horas largas de arduo sacrificio, dejaste sueños por un noble afán, renunciando al descanso y al diván de momentos con famili...