domingo, 23 de junio de 2024

El futuro soñado

 I

En horas largas de arduo sacrificio,

dejaste sueños por un noble afán,

renunciando al descanso y al diván

de momentos con familia y su auspicio.

 

De libros y desvelos fue tu andar,

marcando cada paso con tesón,

buscando en cada página la razón

para el sueño de un día alcanzar.

 

Isabel, hija, tu lucha ha sido en vano,

pues has logrado tu meta con honor,

y la luz en tu senda es un canto llano.

 

Ahora disfruta el fruto de tu labor,

con tu familia y amor cercano,

¡felicidades! Te envuelve nuestro amor.

 

 

II

La luz al fin se deja vislumbrar,

tras horas sin descanso ni evasión,

y el fruto del esfuerzo y la pasión

se materializa en tu feliz hogar.

 

Hoy brilla el fruto de tu esfuerzo liso,

con plaza en Ministerio con gran afán,

orgullo de Victoria y su talismán,

que ha iluminado el túnel con su hechizo.

 

Hoy España te acoge y es tu sino,

con el orgullo de verte brillar,

servidora del bien y del destino.

 

Que Victoria sea siempre tu faro,

en el camino que has de labrar,

con la alegría de un futuro claro

III

Tu madre y yo, con gozo y emoción,

te vemos triunfar en tu jornada,

pues has logrado la meta deseada

con esfuerzo, paciencia y devoción.

 

Cada lágrimas y risas, una canción,

cada sacrificio, una alborada,

han sido parte de esta jornada

que hoy culmina en noble distinción.

 

Isabel, tu nombre en alto se alza,

en el ámbito que ahora es tu lugar,

y tu orgullo, con firmeza avanza.

 

Que tu esfuerzo sirva de enseñanza,

a tu hija, el valor de la balanza,

entre soñar, luchar y lograr.

 

IV

Isabel, tu estrella brilla y guía,

a quienes te admiran y acompañan,

y en tu nueva senda se aglutinan

esfuerzos que forjaron tu valía.

 

Victoria, tu hija, en su alegría,

verá en ti la fuerza que emana,

de un corazón que nunca se achanta,

y que al final del túnel luce el día.

 

Hoy celebramos tu logro alcanzado,

con el cariño de madre y padre,

y con el orgullo de un sueño hallado.

 

Que tu senda sea siempre amable,

y que el esfuerzo nunca sea olvidado,

en la luz de tu alma invulnerable.

 

 

 

Ciudad de la Cordialidad

Primavera 2.024

El vaivén del tiempo

 

En el vaivén del tiempo, la memoria me lleva

a un ayer dorado, donde eras mi reina.

De niño, entre tus brazos, me arrullaba tu voz,

y el mundo se paraba de dicha y de amor.


 Cuantas veces me siento perdido,

con problemas de gente mayor.

Siendo pequeño, recuerdo sorprendido

me decías, mañana las cosas las veras mejor


 A veces tengo ganas de volver a ser niño,

de escuchar de nuevo tu dulcísima voz,

que me reprendieras con grata ternura,

y luego me besaras con todo tu amor.


 En el silencio de la noche, te escucho,

tu voz me susurra palabras de aliento.

Me dices que no tema, que tú estás conmigo,

que tu amor me protege, como prenda del viento.


 Y en mis sueños te veo, tan viva y tan real,

y al despertar me invade la más profunda pena.

Porque sé que has partido, a un mundo ideal,

y solo me queda tu recuerdo, como pena.


 También recuerdo cuando te pusiste malita,

alejándote de todo como un viento fatal

Pero con tu semblante nos decías

que fuéramos consecuentes, con tu mal


Pero éste fue tan inhumado,

que no volviste a ser tú.

Por eso, nuestra añoranza es tanta

que nuestra vida, a partir de ahí, cambió

 

Aunque pasen los años, y la vida siga su curso,

mi amor por ti, madre, jamás se extinguirá.

Eres mi estrella, mi guía, mi luz en la oscuridad,

y tu recuerdo me acompaña, en cada despertar.

 

Han pasado los años, madre,

pero aún te anhelo con la misma intensidad,

desearía tenerte a mi lado,

poder besar tu frente, en tu regazo de paz

 

Un día nos volveremos a encontrar,

en un mundo de paz, donde el amor es eterno.

Hasta entonces, te llevo en mi corazón,

madre querida y espero con añoranza ese encuentro

 

En estos versos te plasmo, madre añorada,

para que vivas por siempre en mi corazón.

Cada vez que los lea, te sentiré a mi lado,

y tu amor me dará fuerzas y valor.

 

 

 

 


Primavera 2.024

viernes, 21 de junio de 2024

Semblanza de nuestra época

 

En el ocaso de la vida, cuando el tiempo ha tejido con hilos de plata nuestras cabelleras, la memoria se convierte en un cofre preciado, donde guardamos los tesoros de nuestras experiencias. Estas letras, escritas desde la perspectiva de una persona que ha vivido tres cuartas partes de una centuria, nos invita a reflexionar sobre la riqueza de una vida plena, llena de momentos alegres y desafiantes, triunfos y derrotas, amores y desamores.

 Las musas de la memoria se despiertan, como inquietos espíritus en el santuario de la mente, ansiosas por iluminar el mundo con los destellos de los recuerdos. Cada imagen, cada idea, cada sensación, nos transporta a un instante del pasado, ya sea a los días dorados de la infancia, o aquellos días en las aulas donde, se forjó nuestro intelecto, o a los caminos recorridos en busca del amor y de la realización como persona.

 La infancia, un refugio de felicidad, donde el amor de padres y hermanos nos brindaba un calor inigualable. La adolescencia, una etapa de sueños y aspiraciones, donde la educación se erigía como un faro en tiempos difíciles. La juventud, un torbellino de sensaciones y emociones, donde las primeras experiencias amorosas nos marcaron a fuego lento.

 El trabajo y la familia se convirtieron en los pilares de la madurez. Cada obligación, una piedra angular en la construcción de nuestra existencia. Los nacidos a principio o antes de los cincuenta, del pasado siglo, una generación que tejió sus vidas con hilos de perseverancia, de tenacidad, de empeño, enfrentando los retos de una época en constante cambio.

Al llegar a los setenta y cinco años, miramos atrás con ojos de sabiduría. Cada recuerdo, un tesoro invaluable, cada vivencia una lección que nos ha hecho crecer. Nuestra historia, escrita en el lienzo del tiempo, un poema eterno de vida y amor.

 Estas letras son un homenaje a la vida, a la belleza de los recuerdos y a la sabiduría que se adquiere con el paso de los años. Es un recordatorio de, que cada etapa de la vida tiene su propio encanto, y de que, debemos apreciar los momentos simples y cotidianos que, conforman el tejido de nuestra existencia.

 En definitiva, es una invitación a celebrar la vida, a abrazar el pasado con gratitud y a mirar hacia el futuro con esperanza.

El futuro soñado

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