Apenas
quedaba dos horas para el almuerzo de mediodía, cuando la Tata, mandada por mi
madre comenzaba a realizar el gazpacho y procedía a hacer la ensalada de
lechuga, tomates y pepinos. Mi madre, preocupándose de que las perdices y
codornices que mi padre criaba no se quedarán sin su comida favorita, le decía
a la Tata: “Juana no te olvides de dejar lechugas para que Francisco se las
pique a las perdices”.
Cuando
mi padre llegaba a casa allá por las dos
y cuarto o dos y media del mediodía, se ponía a realizar el protocolo de preparar
y picar, muy menudita, la lechuga para que sus crías de perdices y codornices
pudieran disfrutar de ese extraordinario producto, que tanta satisfacción representa
en nuestra cocina tradicional y que tan bien acogían los dichosos pájaros.
Nadie
comía hasta que dicha operación no estaba terminada y la verdad es que daba
gusto ver a los animales volverse locos, dando saltos en sus pequeñas jaulas,
en señal de agradecimiento por el manjar, para ellos, que les proporcionaban.
La operación no se demoraba más que el tiempo que se tardaba en nutrir a dichas
aves, con excepción de los días que también había que limpiar las jaulas de los
excrementos, las heces y desperdicios de
sus moradores. Recuerdo que las jaulas eran muy bonitas y las había de madera,
pintada de verde, y las había realizadas manualmente con alambre. Éstas últimas,
que eran más pequeñas, se utilizaban
cuando al pájaro había que transportarlo y llevarlo al campo, con la intención de
utilizarlo como reclamo para la caza del perdigón.
En
aquella época, allá por los años 50 y 60, era raro el domicilio que no tuviera en
sus instalaciones algún animal doméstico. Había domicilios, sobre todo los de
los agricultores, que la fauna era muy diversa, desde los animales de labranza
que les ayudaban en sus trabajos en el campo, hasta los canarios y jilgueros que
alegraban con sus trinos el ambiente familiar, pasando por un sinfín de
gallinas, patos, conejos, pavos y demás animales domésticos y de caza menor.
En
mi casa había, además de las aves de caza, también había palomas y conejos,
todos ocupando el palomar y con distintos habitáculos; colgados los de las palomas y en el suelo las conejeras. Estos conejos,
como compartían habitad con las palomas, también comían como éstas,
despreciando la alfalfa que para ellos les proporcionábamos. Como comían el
trigo, la cebada y los demás cereales, alimentos de las palomas, se criaban
unos conejos, que a la hora de sacrificarlos para consumo de casa, era muy
difícil la operación, dado su robustez y fortaleza.-
Hoy
día es difícil hallar algún domicilio donde convivan tantos animales, de
distintas especies, bajo el mismo techo.- Probablemente las familias que
dispongan de algún local, pajar o recinto donde el espacio se lo permita,
puedan tener algunos animales, tanto de caza, como domésticos.- La verdad es
que las viviendas de hoy día, pisos la mayoría, y no de muchos metros de
superficie, hacen que esta práctica sea imposible de poderla llevar a cabo.-
También es cierto, que hoy día existen en los Supermercados y Grandes
Superficies, una oferta tal de artículos, que hacen absurdo que estas
operaciones se lleven a efecto.- Son los
animales de compañía, como perros y gatos, que de toda la vida han convivido
con sus moradores, en el mismo domicilio, hoy sea difícil su convivencia, por
todos los problemas que los mismos puedan representar en una familia.-




