miércoles, 24 de enero de 2018

Madre

A pesar del tiempo transcurrido y a los cambios que puedan haberse originado, desde su partida, no ha pasado ningún día sin su recuerdo, no ha pasado ningún día que no haya venido a mi memoria, alguna imagen suya.

¿Quién no recuerda despertarse en la noche, perdido y con una sensación de angustia y miedo que nos hacía sentirnos ansioso?.-

¿Quién no recuerda nuestra llamada llorosa y exigente, solicitando su defensa?. ¡Madre, Madre!.- Solo con sentir su presencia, bastaba para calmarnos.

¿Habrá alguien que no recuerde estos momentos?. ¿Habrá alguien que haya podido olvidar su fresca sonrisa, su maternal caricia, su reconfortable beso, su amoroso abrazo?.

Hoy, que han pasado algunos años, desde que te fuiste, me viene a mi memoria todos estos momentos vividos a tu lado y he sentido en ellos, no solo tus besos y abrazos, sino también tu olor, tu perfume, tu aroma, tu corazón de madre y sobre todo, tu cariño.


Hoy día se suele decir que los abuelos no mueren nunca, sino que son “invisibles” para sus nietos, por sus recuerdos y vivencias.- ¿Y qué podemos decir los hijos de los padres, que desaparecen,  que se van, que ya no están con nosotros?.- Pues… que “no mueren”, porque mientras que los mantenemos en nuestros recuerdos, viven junto a nosotros, hablamos con ellos, les contamos nuestros asuntos, nuestras alegrías, nuestras tristezas, les pedimos ayuda, les hablamos de nuestros proyectos y les lloramos con nuestras desgracias. ¡Benditos padres!.-

El futuro soñado

  I En horas largas de arduo sacrificio, dejaste sueños por un noble afán, renunciando al descanso y al diván de momentos con famili...