miércoles, 6 de abril de 2022

El último adiós

 

    El día 21 del pasado mes de enero, día que salíamos de Madrid con destino a Londres, ese mismo día se cumplían Cuarenta y Cinco años de la muerte de mi madre. Me vino a la memoria, cuando sentado y relajado en el avión que nos conducía


a la ciudad de la niebla, como fue ese día, de hace cuarenta y cinco años y estuve todo el día pensando en él, a pesar del periplo que emprendía.

    Recuerdo que aquella noche, -porque era de noche cuando murió-, estábamos en su alcoba, mi padre y yo.  Yo no hacía mucho tiempo que había llegado a casa de ver a mi novia y creo que aún no me había cambiado de ropa siquiera. Llegué a casa y, sentada en la mesa de comedor, tan solo mi hermana Tony estaba, sin recordar lo que hacía en ese momento. Tomás creo que ya estaba acostado y mi padre estaba en su alcoba, en la que se encontraba mi madre acostada, ya que esa tarde no la habían levantado, por encontrarla más decaída que otros días.

    Entré en la habitación y vi a mi padre sentado en una butaca descalzadora, mirando a mi madre que emitía un ronquido muy profundo y con estertor rápido, que anunciaba su final. Mi padre al notar mi presencia, levantó el rostro, me miró fijamente y en su rostro pude adivinar el presagio, que tan elocuente imagen me enviaba.

    Estuvimos en esa actitud y durante no sé por cuanto tiempo, los dos silenciosos, inertes, coartados, contemplándola y esperando la reacción a tan sonoro ronquido. Y en un momento el estertor, -que durante bastante tiempo había estado emitiendo su profundo sonido-, se detuvo, ella se removió un poco, sin ni siquiera abrir los ojos ni ningún otro reflejo más, esa respiración tan estridente, se fue apagando lentamente, hasta hacerse un silencio elocuente.

    Mi padre y yo, estábamos perplejos ante lo que estábamos viendo y contemplando, sin poder hacer nada e impedir que ella se fuera. Cuando pudimos reaccionar a lo que estaba ocurriendo nos dimos cuenta que todo se estaba acabando, que su vida se terminaba y de que todo finalizaba con ella y con su vida, que en ese mismo momento se había acabado para siempre, -que se nos había marchado, que ya no estaba entre nosotros-, a pesar de que hacía casi cuatro años, que su espíritu, su alegría y su forma de ser, nos habían abandonado. Fue entonces cuando supimos y nos dimos cuenta, que ya no estaba entre nosotros, que se había marchado y que nunca más volveríamos a tenerla entre nosotros

    Cuando por última vez me acerqué a su lecho, a despedirme de ella, con un beso en su mejilla, pude comprobar cómo su piel se había estirado, se había vuelto más tersa y su arrugado rostro se había restablecido en un suave, sutil y delicado semblante.

     La besé y su penetrante olor a madre, impregnó de tal modo mi espíritu, que aun hoy, después de tantos años, lo percibo. Salí del dormitorio llorando desconsoladamente, por tan irreparable pérdida.

    Este día 21 pasado, como he tenido tiempo suficiente para recordar estos hechos, que me han venido a la memoria, después de muchos años, me he sentido feliz por revivir los mismos, pero al mismo tiempo, molesto porque, a pesar del tiempo transcurrido, sigo recordando el momento con pena, sobre todo por el poco tiempo que estuvo con nosotros y sobre todo por la falta que nos hacía a todos, especialmente a mi hermana Tony que tenía escasamente Dieciséis años.

    Lo cierto es, que a pesar de todo lo sucedido fue ella la que más perdió por su pronta muerte, por una muerte tan inesperada por su prontitud cronológica, ya que su edad era de cincuenta y siete años y de lo poco que pudo disfrutar de su condición de abuela, cuyo título hacia poco tiempo que lo había conseguido, ya que mi sobrino Paulino apenas tenía un año.

     Por su inesperada y pronta muerte no tuvo ocasión de conocer al resto de sus nietos, no pudo conocer a su nuera Manola, esposa de Tomás, ni a sus nietos, que vinieron después de su muerte y tampoco pudo observar como sus hijos se fueron afianzando y consiguiendo su puesto en la sociedad y constituyendo sus familias para seguir feliz y modestamente, seguir viviendo.

El futuro soñado

  I En horas largas de arduo sacrificio, dejaste sueños por un noble afán, renunciando al descanso y al diván de momentos con famili...