“ Romance Extremeño “
Eso qu’era
yo mu chiquerrinino,
pero… pero
entavía m’acuerdo
de cuand’iba
a la escuela de los Padres
con mi primo
Juanito-José y con Frasco Pedro,
po la
Callejita las Lanchas,
pisando un
gorpe en blanco y otro en negro.
¡Que de
rempujones nos pegábamos!
¡Que de
libros roaban por los suelos!
¡Que de
hojas volando por los aires
p’acá y
p’allá, sin orden ni concierto,
com’un
bullicio de palomas blancas
espantás
andispués d’un duro sueño!
Y, aluego,
al preguntanos la lertura
el Hermanos
José, muestro maestro,
chapurreaba
cuatro latinajos,
queándose mu
serio,
porque nos
espetábamos d’un sarto
dende
Abraham a Guzmán el Bueno.
Eso que
nosotros no teníamos la curpa…
que la curpa
era der viento,
po agarrao a
los pelos der cogote
nos
explicoteaba er firmamento
mucho mejó
que si estuviera un año
dale que
dale siempre con lo mesmo.
¡A ve, como
que se veían más estrellas
que una
noche d’agosto por los cielos!
Chacho, se
recorgaba d’una oreja
con dambas
manos, y con tó su genio
liábase a
tirá como si juera
ellas las
campanas y él el campanero
llamando a
los vecinos mas de priesa
pa que
apagaran en la escuela un fuego
¡Las
estiraba cuasi media vara!
¡Parecían
las mesmas d’aquel negro
que traía
retratao la Ciclopedia
con unos
labios como dos pimientos!
Y cuando
estábamos ya jarto d’escuela
pos teníamos
su cachino de recreo,
consistente
en gateá por las colunas
hasta
arcanzá con una mano er techo,
o en jugá a
entera, al marro o al candaje,
o en aparpá
una lechugas por el güerto,
sin que nos
viera denguno de los curas
que andaban
escondíos por allí adrento.
Y a las doce
tó er mundo pa su casa
como el que
no ha roto un plato. Y tós diciendo
que el
Hermanos José era mu dañino
por cogenos
por los pelos der pescuezo
y estirarnos
una miajina las orejas,
po anda que
nosotros… ¡nosotros éramos güenos!
¡Eso qu’era
yo mu chiquerrinino,
pero… pero
entavía m’arcuerdo!
Antonio
Chacón

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