Recuerdo aquellos
festejos taurinos, celebrados en nuestra bonita Plaza de Toros, cuando al final
del mismo se rifaban algunos regalos que a los asistentes al evento esperaban
como agua caída del cielo.
Recuerdo que previo
al festejo, -que por regla general se celebraba por la tarde o noche-, un
camión cargado con todos los regalos a rifar se paseaba por todas las calles de
la ciudad, incitando a la gente a que se sumaran a la fiesta y contribuyeran
con su asistencia.
En ese camión iban
todos los regalos que esa tarde, y al término del Festejo Taurino se procedería a su rifado, que no era otro
que la extracción de un número coincidente con el de la papeleta de entrada,
que cada persona compraba para poder acceder a la Plaza y presenciar el evento.
Los regalos, por
regla general iban enfocados a aquellas
personas jóvenes, en edad de contraer matrimonio y en la mayor parte de los
casos, estos consistían en una Alcoba completa, nueva de matrimonio, -fabricada
por algún carpintero de la ciudad-, y en la que no faltaba de nada: la cama, el
armario o ropero, las mesitas de noche, con sus candelabros, comodín o tocador,
las butacas o descalzadoras, lámpara etc.. Todo ello, y en mismo camión que
durante todo el día había visitado todas calles del pueblo, salía al ruedo de
la Plaza de Toros, cargado con tan ambicionado tesoro y una vez finalizado el
festejo, para que el ganador tomará posesión de su premio.
En otras ocasiones
el premio variaba, y en lugar de un dormitorio completo podría ser una Sala de Estar, una Cocina
completa, teniendo en cuenta que aquella época, no había, ni lavadora, ni
secadora, ni lavavajillas.
Esta costumbre, con
el tiempo, dejó de aplicarse, pero estuvo vigente durante las década de los
años 50 y parte de los 60. A partir de esos años, con la llegada de los Planes
de Desarrollo del gobierno de entonces, algunas cosas empezaron a cambiar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario