viernes, 11 de agosto de 2017

Rifas en los Festejos Taurinos

Recuerdo aquellos festejos taurinos, celebrados en nuestra bonita Plaza de Toros, cuando al final del mismo se rifaban algunos regalos que a los asistentes al evento esperaban como agua caída del cielo.

Recuerdo que previo al festejo, -que por regla general se celebraba por la tarde o noche-, un camión cargado con todos los regalos a rifar se paseaba por todas las calles de la ciudad, incitando a la gente a que se sumaran a la fiesta y contribuyeran con su asistencia.

En ese camión iban todos los regalos que esa tarde, y al término del Festejo Taurino  se procedería a su rifado, que no era otro que la extracción de un número coincidente con el de la papeleta de entrada, que cada persona compraba para poder acceder a la Plaza y presenciar el evento.

Los regalos, por regla general iban  enfocados a aquellas personas jóvenes, en edad de contraer matrimonio y en la mayor parte de los casos, estos consistían en una Alcoba completa, nueva de matrimonio, -fabricada por algún carpintero de la ciudad-, y en la que no faltaba de nada: la cama, el armario o ropero, las mesitas de noche, con sus candelabros, comodín o tocador, las butacas o descalzadoras, lámpara etc.. Todo ello, y en mismo camión que durante todo el día había visitado todas calles del pueblo, salía al ruedo de la Plaza de Toros, cargado con tan ambicionado tesoro y una vez finalizado el festejo, para que el ganador tomará posesión de su premio.

En otras ocasiones el premio variaba, y en lugar de un dormitorio completo  podría ser una Sala de Estar, una Cocina completa, teniendo en cuenta que aquella época, no había, ni lavadora, ni secadora, ni lavavajillas.


Esta costumbre, con el tiempo, dejó de aplicarse, pero estuvo vigente durante las década de los años 50 y parte de los 60. A partir de esos años, con la llegada de los Planes de Desarrollo del gobierno de entonces, algunas cosas  empezaron a cambiar.

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