Recuerdo perfectamente ese día,
recuerdo como si se tratara que ahora, como aquella mañana llamamos a la abuela
para decirle que ya venía el bebé de camino, cuando nos dijo que teníamos que
esperar un poco, porque estaba esperando a la Nana que había ido al médico,
como si este asunto pudiera esperar.-
Llegó
un momento en el que les dijimos que si
no venía, nosotros marchábamos a Mérida, no sea que el parto no esperara más.-
La verdad fue que marchamos a Mérida y rápidamente hospitalizaron a mi mujer y
se la llevaron a la Sala de Partos.-
Nosotros,
la abuela y yo nos quedamos en la Sala de Espera, pero como era la hora de
comer, le dije a la abuela que si quería comer nos podíamos ir, ya que no
sabíamos el tiempo que nos tendrían esperando su llegada.-
Como
por entonces, en la zona limítrofe del Hospital de Mérida, no había locales
comerciales, ni tiendas ni restaurantes, -como ahora existen-, tuvimos que
irnos a comer al Hotel Zeus, que está en la Avenida de Reina Sofía, junto a la
gasolinera que está en la confluencia de la carretera de Don Álvaro.-
Lo
cierto es que tardaron en atendernos y sobre todo en servirnos lo pedido para
comer, ya que cuando volvimos al Hospital, después de haber comido yo me dirigí
rápidamente a la primera planta, a la zona de quirófanos y esperé allí si
alguien me informara.-
Estaba
solo esperando, me parecía raro que solo yo estuviera en dicha situación, ya
que en este Hospital vienen al mundo muchas criaturas y era extraño que no
hubiera nadie esperando algún alumbramiento, lo cierto era que estábamos en
época de carnaval y probablemente habría menos personal atendiendo a los
pacientes.-
No habían
pasado más de treinta minutos desde mi llegada a la antesala de quirófanos,
cuando una señora, vestida con indumentaria verde de sanitario, salió por la
puerta de acceso a quirófanos y me preguntó por el nombre de mi mujer, después
de dárselo me indicó que mi mujer estaba bien y que había traído al mundo “un
bonito y rollizo varón”, a lo que yo le respondí que era imposible, ya que
sabíamos que sería una niña.- La comadrona, que resultó ser la persona, que me
informaba, me dijo que efectivamente había sido una niña, y que ésta y la madre
se encontraban bien, y que muy pronto le llevaría a planta.- Subí para dar la
noticia a la abuela, y esperamos la llegada de madre e hija a la habitación,
donde pudimos conocerla y ver lo pequeñita que era.-
Para mí, en
esos momentos, se me habría un estado de incertidumbre y dudas, yo creo
propiciados por la responsabilidad que esos momentos asumías, como consecuencia
de tener otro hijo, al que tenías que criar y educar.- Esas dudas, siempre las
tuve cuando algunos de mis hijos llegaban al mundo, y ha sido una incertidumbre
que ha imperado en mí a lo largo de toda mi carrera laboral, y que no dejado de tener hasta que ellos han resuelto sus futuros, han consolidado su
posición social y laboral y han creado una familia, con la misma responsabilidad que yo siempre
tuve.-
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