miércoles, 28 de marzo de 2018

La llegada de Isabel


Recuerdo perfectamente ese día, recuerdo como si se tratara que ahora, como aquella mañana llamamos a la abuela para decirle que ya venía el bebé de camino, cuando nos dijo que teníamos que esperar un poco, porque estaba esperando a la Nana que había ido al médico, como si este asunto pudiera esperar.-
                Llegó un  momento en el que les dijimos que si no venía, nosotros marchábamos a Mérida, no sea que el parto no esperara más.- La verdad fue que marchamos a Mérida y rápidamente hospitalizaron a mi mujer y se la llevaron a la Sala de Partos.-
                Nosotros, la abuela y yo nos quedamos en la Sala de Espera, pero como era la hora de comer, le dije a la abuela que si quería comer nos podíamos ir, ya que no sabíamos el tiempo que nos tendrían esperando su llegada.-
                Como por entonces, en la zona limítrofe del Hospital de Mérida, no había locales comerciales, ni tiendas ni restaurantes, -como ahora existen-, tuvimos que irnos a comer al Hotel Zeus, que está en la Avenida de Reina Sofía, junto a la gasolinera que está en la confluencia de la carretera de Don Álvaro.-
                Lo cierto es que tardaron en atendernos y sobre todo en servirnos lo pedido para comer, ya que cuando volvimos al Hospital, después de haber comido yo me dirigí rápidamente a la primera planta, a la zona de quirófanos y esperé allí si alguien me informara.-
                Estaba solo esperando, me parecía raro que solo yo estuviera en dicha situación, ya que en este Hospital vienen al mundo muchas criaturas y era extraño que no hubiera nadie esperando algún alumbramiento, lo cierto era que estábamos en época de carnaval y probablemente habría menos personal atendiendo a los pacientes.-
No habían pasado más de treinta minutos desde mi llegada a la antesala de quirófanos, cuando una señora, vestida con indumentaria verde de sanitario, salió por la puerta de acceso a quirófanos y me preguntó por el nombre de mi mujer, después de dárselo me indicó que mi mujer estaba bien y que había traído al mundo “un bonito y rollizo varón”, a lo que yo le respondí que era imposible, ya que sabíamos que sería una niña.- La comadrona, que resultó ser la persona, que me informaba, me dijo que efectivamente había sido una niña, y que ésta y la madre se encontraban bien, y que muy pronto le llevaría a planta.- Subí para dar la noticia a la abuela, y esperamos la llegada de madre e hija a la habitación, donde pudimos conocerla y ver lo pequeñita que era.-
Para mí, en esos momentos, se me habría un estado de incertidumbre y dudas, yo creo propiciados por la responsabilidad que esos momentos asumías, como consecuencia de tener otro hijo, al que tenías que criar y educar.- Esas dudas, siempre las tuve cuando algunos de mis hijos llegaban al mundo, y ha sido una incertidumbre que ha imperado en mí a lo largo de toda mi carrera laboral, y que no dejado de tener hasta que ellos han resuelto sus futuros, han consolidado su posición social y laboral y han creado una familia, con  la misma responsabilidad que yo siempre tuve.-

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