Vivía felizmente con su esposa
desde hacía escasos meses de su boda y la pareja disfrutaba de la felicidad que
le reportaba la futura llegada de una criatura que endulzaría sus vidas y
consolidaría su matrimonio.- Habían pasado ya los difíciles días que tuvieron
que soportar, por la muerte de su padre y la multitud de problemas que tuvieron
que soportar en el negocio familiar que su padre regentaba.-
Ahora
en la soledad de su taller, que antes compartía con su padre, no dejaba de
recordar cada momento de sus vidas y los problemas e imponderables que tuvieron
que sufrir para hacer que dicho taller de reparaciones, encontrara su sitio,
dentro de su ciudad, y poder servir a sus clientes con la buena disposición y
servicio, que desde el momento de su apertura quisieron ejercer.-
Habían
pasado pocos meses desde el fatal desenlace y a pesar de la enfermedad, intervención
quirúrgica y posterior convalecencia de
su ancestro, nunca imaginó que este momento tuviera que llegar y que, como
ahora, se encontraría tan solo y desamparado, en un pequeño negocio, que a
pesar de su extenso conocimiento del mismo y de su buen hacer, en su trabajo,
tenía que hacer frente a todos los problemas que dicha actividad le reportaba.-
Como
estas visitas, no solo fortalecían su espíritu, sino también regeneraban su
autoestima, no faltaba a la cita ningún domingo, cargado con su ramo de flores
y con su espíritu cargado de dudas, para despachar con su padre.-
Pronto
observó que las flores del ramo, que cada domingo retiraba de la tumba de su
padre, estaban vivas aún y que podían seguir luciendo en otro nicho, y tuvo la
ocurrencia de colocar éstas en una tumba
que se encontraba encima de la de su padre y que pertenecía a una familia
francesa, que tuvieron la mala suerte de encontrar la muerte, lejos de sus
casas, cuando disfrutaban de unas desgraciadas vacaciones que los condujeron a
estas tierras.-
Así
fueron pasando los meses y durante todo ese tiempo se fueron produciendo, cada
domingo, las mismas ofrendas, las
cuantiosas consultas a su ancestro e igualmente fue disminuyendo el dolor, por
la pérdida y fueron reduciéndose las visitas.-
Había
pasado ya mucho tiempo, la familia había aumentado, las dudas en la gestión de
la empresa se habían disipado y ésta
funcionaba perfectamente, hasta el extremo de tener que buscar ayuda, en otras
personas al aumentar la actividad, con la incorporación de nuevos trabajadores
y nuevos servicios.
Ahora los fines de semana se
destinaban al paseo con la familia o a
la salida al campo o a la visita turística a cualquier ciudad o lugar.- En
algunas ocasiones o cuando se cumplía el aniversario, se producía la visita a
la tumba familiar, eso sí, siempre cargado con su ramo de flores, que
embellecerían dicha sepultura hasta la siguiente visita.-
Cuando
se producía una nueva visita, las flores se habían marchitado y en ocasiones
los floreros de la tumba, estaban vacíos y secos, ya que el tiempo y en viento
se había encargo de limpiarlo, por tanto ya no había flores para la tumba de
los franceses.-
Este
buen hombre venía observando, desde hacía algún tiempo que sus costumbres y
hábitos se habían alterado, pero no por su voluntad, sino por los
acontecimientos que le venían sucediendo.-
Era
tal la preocupación y miedo que tenía, que no quería consultar ni contárselo a
nadie, para que no creyeran que no estaba cuerdo.- En ocasiones y cuando estaba
en el taller solo, sentía que alguien le golpeaba, en cualquier parte de su
cuerpo, pero comprobaba que no había nadie y que estaba solo.- De noche, cuando
yacía en su cama descansando al lado de su mujer, comprobaba que le golpeaban
en su rostro, en su cabeza o le obligaban a levantarse, cuando observaba que las
luces de algunas estancias estaban encendida, en plena noche y sin estar nadie
despierto.-
En
ocasiones, observaba como los objetos cambiaban de lugar, como desaparecían,
sin que nadie pudiera encontrarlos, como las sillas se movían o balanceaban
solas o como la sintonización de la televisión cambiaba de canal, sin que nadie
estuviera presente o hubieran hecho uso del mando a distancia de la TV.
Cuando
estos episodios le ocurrían, sentía algo así como un golpe, un puñetazo en el
pecho que le cortaba el aliento y le hacía tambalear. El corazón se le
disparaba como el corcoveo de un caballo percherón y se le subía la sangre a
la cabeza, golpeándoles las sienes, flaqueándose sus piernas y se desplomaba
sobre cualquier superficie, como si de una fuerte crisis se tratara.-
Su
esposa también venía observando su conducta y sin decirle nada, continuamente
le vigilaba, y había llegado a pensar que su esposo estaba perdiendo la razón,
ya que hacia cosas que no venían al caso en algunos momentos y en otras
ocasiones parecía que había perdido la memoria y no recordaba nada.-
Cuando los tres volvieron a
reunirse, pasado el tiempo, coincidieron
todos en las conductas dispares que le habían observado y creyeron oportuno y
conveniente la consulta inmediata y urgente con algún especialista que lo reconociera,
lo tratara y le diagnosticara su dolencia.-
El
doctor no encontró ninguna irregularidad, todo estaba bien pero a pesar de ello
le aconsejó que lo tratara un psicólogo, ya que esa especialidad era la idónea
para su mal.-
Después
de varios meses de tratamiento, el asunto seguía igual, seguía recibiendo los
mismos episodios y malos tratos como siempre.- La preocupación del matrimonio
era evidente y a pesar de conocer con detalle lo ocurrido, la esposa nunca pudo
comprobar lo que sucedía a pesar de las indicaciones que el esposo le hacía, en
el mismo momento de producirse.- Ya la preocupación se traducía en miedo y la
pareja estaba penando un verdadero calvario.-
Como ya hacía tiempo que no visitaba la tumba de su padre, se le ocurrió hacerle una visita, como las que tantas veces había realizado, en esta ocasión, con su familia.- Cuando entraba por la puerta del cementerio se cruzó con el sacerdote y antiguo profesor de Religión que hacía ya tiempo que no se veían a pesar de ser cliente suyo de su taller y haberle solucionado algunas averías en su antiguo y renqueante auto.-
Al
encontrarse, el cura le preguntó, si eran frecuentes las visitas al cementerio,
y si las mismas siempre iban acompañadas del ramo de flores, a lo que antiguo alumno le informó que al
principio eran más frecuente, pero que éstas habían menguado a lo largo del
tiempo. También le contó los problemas por los que estaba pasando y no veía
viso de solución a pesar de los tratamientos a lo que le habían sometido su
médico y su psicólogo.- Se despidieron amablemente hasta que de nuevo volvieran
a encontrase.-
No
habían pasado muchos días, cuando una mañana se presenta el cura en el taller
de reparaciones para hablar con su antiguo alumno del asunto que le había
contado en su anterior encuentro.- Nuevamente éste le cuenta como cada domingo
visitaba en el cementerio la tumba de su padre, como le ponía en los floreros
las flores que le llevaba y como las flores caducas, se las ponía a la tumba de
los franceses.-
El
cura le pregunta, si todavía seguía haciendo lo mismo, a lo que el antiguo
alumno le responde que no, ya que sus visitas ahora son esporádicas y las flores
están secas y las sustituye por las nuevas.-
Su
antiguo profesor le indica que ya sabe lo que le ocurre y que la solución es
muy fácil.- Cada domingo llévale flores también a la tumba de los franceses y
verás cómo desaparecen todos los episodios y malos tratos a los que estás
sometido.- Así lo hace y desde la primera visita, desaparecen todos los
problemas.- El espíritu de los franceses, también querían ser visitados y
recordados.-
Quien
me contó la historia, aseguraba que eran hechos reales, a pesar de lo
imaginario e incrédulo del asunto.-

No hay comentarios:
Publicar un comentario