Querían luto
por el Covid-19, rogaban crespones
negros en los balcones, las banderas a media asta y las caceroladas de protesta
y ahora que ya lo tienen les afloran los muertos por todas partes, sobre todo
por las Residencias de Ancianos de la Comunidad de Madrid, a los que no
atendieron y les prohibieron su hospitalización. Ahora les aterran cuando ven
las banderas y los minutos de recogimientos, por todos los caídos en esta
maldita pandemia. Ya no existe la reflexión, la comunicación, ahora todo son,
exabruptos, descalificaciones y lengua suelta, todo lo que pueda dañar al
Gobierno y sobre todo a su Presidente y Vicepresidente.-
Esto no es
nuevo, ya lo conocíamos. Cada vez que la derecha pierde el poder, cada vez que
son aplastados en las urnas, se repite
siempre lo mismo, la estrategia de la
crispación, tanto en las instituciones, como en la calle, se busca el conflicto constante, el clima toxico, la
confrontación y se intenta manipular la opinión pública con todo tipo de
“noticias falsas”, que alteren las opiniones de muchos españoles, que no ven
más allá de sus narices, que no comprenden otras ideas, que las que les inculcan
o que forman parte de esa masa del electorado ideologizado y manipulado, a lo
que la derecha nos tienen acostumbrados.
Las
maniobras empleadas para estas refriegas, siempre han sido las mismas, la rabia
y el odio, sin excusa alguna y si acaso con un erróneo sentido patriótico del
poder, que consideran suyo y que les corresponde por ambición, patriotismo o por
pura locura
Muchos se
acordaran cuando empezó a arbitrarse ese estado de crispación, cuando se
sentaron las bases para que la izquierda nunca ocupara los despachos de la
Moncloa.- La derecha agrupada entonces en las filas de Alianza Popular, en la que se incluían y mezclaban los partidarios de Blas Piñar junto con los demócratas
cristianos de Adolfo Suarez y con los franquistas que habían cambiado de
chaqueta, -ante la amenaza del ostracismo- y el olvido y partidarios de Manual
Fraga Iribarne, que veían en él a un posible líder de esa facción, no les
tembló la mano para criticar y dinamitar al Gobierno de Felipe González, sin
importarles que se rozara el listón de la estabilidad del propio Estado.- Esa
derecha rancia y trasnochada, no podía consentir que un simple “rojo de
mierda”, pudiera arrebatarles el poder, en tres elecciones consecutivas, por
mayoría absoluta y volverles a ganar una cuarta elección, cuando todos los pronósticos
vaticinaban un descalabro absoluto.-
Entonces fue
cuando se impuso la cultura de la crispación, ya que no había otra forma de
poder ganar al PSOE en las urnas, inventando esas formas de acoso y derribo,
que sin duda confesó Luis María Ansón a la revista Tiempo en 1.998, cuando
indicó que era la única manera de sacarlo de La Moncloa, “para no tener otro Gobierno monocolor, que durara otros cuarenta años”.
Y esas formas “democráticas” para la derecha, hizo que el Partido Popular PP,
llegara por primera vez a la Moncloa, en unas elecciones democráticas y que
fuera José María Aznar, discípulo de Manual Fraga, quien formara gobierno
resurgiendo, desde entonces las facciones menos democráticas que amparaba este
partido.-
Desde
entonces cada vez que la derecha ha ocupado los bancos de la oposición se
repite la historia. Para ellos no hay barreras, si no es un Presidente, como
Zapatero, que llegó al poder por error del 11 M, aunque ganara los comicios, es
un Presidente, como Pedro Sánchez, que les robara el poder en una Moción de
Censura, por ser el PP el partido más corrupto de la historia de España por sentencia judicial y que ahora se va a
convertir en el autor intelectual de una pandemia que ha logrado matar en
España a casi 40.000 personas y que pretenden denunciarles, ante el Tribunal de
la Haya, como genocida, por dichas muertes.-
No pararan,
porque su problema es que los gobiernos en lo que ellos no participan, no son
gobierno legítimos y en este caso, un gobierno de alianza o coalición formado
con un partido de izquierda más tradicional, como es Unidas Podemos, es un “menú
incomible” por su populismo y sus consignas para implantar esa cultura de la
crispación, hoy día se ven más reproducidas, no solo por aquellos diarios,
incluidos en su nómina, sino por las redes sociales que, hoy en día tenemos la suerte de disfrutar, que hacen que
sus dictados se implanten más rápido, contaminando todo lo que toque.-
Todo les
vale, utilización de la bandera, caceroladas, manifestaciones motorizadas,
irritabilidad, denuncias judiciales, distorsión de los hechos, difamación,
etc., en una palabra, una nauseabunda agresividad, pensadas, programadas y
ejecutadas, todas ellas en los cuarteles generales de los dos partidos de esa
derecha extrema, como son PP y Vox, quienes compiten en agresividad sin
respetar los mínimos exigidos de democracia y todo ello orientado a la
reducción y empobrecimiento del debate político, no solo en el Congreso, sino
también en las editoriales de cierto diarios, en las redes sociales y en las
mesas de tertulias de algunos medios.-
No les
importa nada de lo que realmente está pasando, les tienen al fresco los muertos
que la pandemia se ha cobrado, los enfermos, los afectados, los trabajadores implicados, el cierre de
empresas, los autónomos, los ERTEs, las ayudas de la Unión Europea, los fondos
de 700.000 millones de euros para la reconstrucción económica, la degradación de las instituciones.- Los que
les interesa de verdad, y lo que les interesa sobre todo, es que España
se hunda, y cuanto antes mejor. En esta ocasión no lo han dicho, como ya lo
hiciera en otra ocasión Cristóbal
Montoro, durante la crisis pasada, pero es lo que piensan todos sus
componentes, porque ellos se consideran los únicos “redentores de la patria”.
Lo cierto de
todo esto, es la vergüenza democrática a la que están acostumbrando al pueblo,
a la degradación de las instituciones que estamos observando y todo ello
orientando única y exclusivamente a la idea de “quítate de ahí, que me ponga yo” .
Probablemente
Pedro Sánchez tenga que responder ante los ciudadanos por toda la gestión, y en
algunos casos haya que sacarle Tarjeta Amarilla y ser apercibido, pero ni los
jueces, ni los empresarios, ni los trabajadores, ni los medios de comunicación
y menos las facciones más extremistas de dos partidos democráticos, tengan la
potestad de echarlo de la Moncloa, porque esa legitimidad, solo le corresponde
al pueblo español.-

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