A las siete de la mañana
había sonado el despertador, comenzando para nosotros el día en el íbamos a
empezar un nuevo rumbo en nuestras vidas, ya que cambiábamos de casa y de domicilio y que, -por fin-, ocuparíamos
una vivienda de nuestra propiedad, aunque aún nos quedaban quince años, para
que se cumpliera ese deseo.-
Nos tiramos rápidamente de
la cama para comenzar con la mudanza que emprenderíamos, con el objeto de poder
dormir esa noche en nuestra nueva casa, y para ello teníamos que realizar la
mudanza y organizar todo.
Llegaron los hombres
encargados de transportarnos los muebles y electrodomésticos, así como el
carpintero encargado de desmontar los muebles y piezas mayores del mobiliario,
objeto de mudanza.
Como aún era de noche y no
había amanecido no pudimos observar como venía el día, y fue uno de los
transportistas, quien nos anunció las inclemencias del tiempo y así de esta
forma nos percatamos de que estaba nevando y de que caían copos de nieve, cada
vez más intensos.
Pura, cuando se dio cuenta
de lo que ocurría me preguntó, con mucha preocupación, que era lo que íbamos a
hacer, a lo que le contesté que haríamos
lo programado y de que nos mudaríamos igualmente, aunque diluviara.
Comenzamos a bajar muebles
y cajas para cargar la furgoneta que habíamos contratado para dicho fin, hasta
conseguir llenarla con todos nuestros haberes y utensilios domésticos.-
Emprendimos viaje hasta el nuevo domicilio, sin antes haber dejado en casa de
la tía Oñi a Isabel, entonces pequeña con dos años, para que no fuera un obstáculo
en nuestros trabajos de acondicionamiento.-
Esta mudanza no
representaba, para nosotros, propiamente un cambio de domicilio solo, sino que desde
ese mismo instante, se abría ante nosotros un tiempo de ilusión y felicidad,
pero también de zozobra y preocupación porque se nos abría un largo periodo de
obligaciones económicas, (quince años) para conseguir nuestra vivienda, y también de
zozobra, porque con la persona con la que estaba trabajando, Antonio Sánchez,
no sabía con certeza el tiempo que el mismo podía durar, por el carácter raro e
imprevisible, que este señor tenía.
Hacía casi tres años que
estaba trabajando en esta empresa de Antonio Sánchez y desde el inicio habíamos logrado que las
ventas de carburantes se duplicaran y habíamos conseguido, que tras la
privatización del mercado de carburantes y la anulación total del monopolio,
Repsol había adquirido la gasolinera y autorizado la construcción de la
gasolinera de San Marcos, también de su propiedad, pero gestionada por la
empresa de Antonio Sánchez, con lo cual se preveía una estabilización del
trabajo.-
En lo referente a la
empresa de construcción, también gestionada por mí, aunque con la ayuda
inestimable y técnica del aparejador Alfonso Agudo, también se abría un tiempo
de apogeo y bienestar, ya que habíamos conseguido contratar obras con la Junta de
Extremadura, con el Ministerio de Educación y con algunos Ayuntamientos, que
venían a condicionar nuestra labor durante un tiempo bastante extenso.- Por
este motivo yo estaba contento y sabía que durante un tiempo, no tan breve, mi
puesto de trabajo estaría seguro y que por tanto, podríamos hacer frente, sin
estrecheces algunas, a pagar mensualmente nuestro recibo de hipoteca, hasta
conseguir su amortización.-
Cierto es y hay que
decirlo, que Antonio Sánchez, siempre cumplió con nuestro acuerdo, no solo
referente a la venta de la vivienda, cuyo precio fue el costo total de la
misma, más el costo de la repercusión del suelo, donde las mismas se
construyeron y que no se encareció la misma por otros conceptos, que pudieran
alterar su costo.- También fue bien comprensivo en todo lo referente a la misma
y no se comenzó a gestionar la hipoteca de dichas viviendas, hasta que ya hacía
bastante tiempo que habitábamos en la misma, con lo cual la formalización de
dicha hipoteca, no se hizo hasta varios meses después de tomar posesión nosotros,
de dicho inmueble.-
No obstante, para nosotros
era un reto económico importante, porque desde el mismo momento que
formalizamos el préstamo sobre dicha vivienda, nos obligábamos mensualmente a
satisfacer su importe, y así durante un periodo de ciento ochenta meses, quince
años, en los que no podíamos prever que iba a suceder, pero nos encademos a él
porque la ilusión y la necesidad de tener una casa nuestra, donde vivir y
educar a nuestros hijos, nos obligaba a ello.
Y como imaginábamos,
sucedió.- Como era de esperar, Antonio Sánchez se cansó de realizar obra
pública y de promocionar sus propias viviendas, y con el tiempo, -que no fue
muy lejano-, prescindió de los servicios del aparejador Alfonso Agudo, ya que
las inversiones en vivienda de la Junta de Extremadura, disminuyeron, y dejamos
de hacer obra pública, sin antes haber explorado el mercado y haber gestionado
la consecución de otros contratos con otros entes públicos, como podían haber
sido las Diputaciones, Ministerio de Fomento o grandes empresas a las que poder
ofertar nuestra actividad.- Desde ese mismo instante la empresa de
construcción, a pesar de disponer de toda la documentación necesaria para
realizar obras pública, de estar clasificado por el Estado, como empresa apta
para realizar obras al mismo, -circunstancia ésta, muy apreciada por otras
empresas, para realizar este tipo de obras-, desapareció de la esfera
empresarial y no volvió a construir nada, ni en esta ciudad ni en ninguna otra,
renunciando voluntariamente a dicha actividad y dejando de realizar una labor,
con tan buenos y sustanciales resultados, todo ello por ineficacia de una
persona totalmente analfabeta, sin cultura académica, sin cultura empresarial, sin
visión de futuro y para preservar una pequeña fortuna de la que disponía y
espero que disponga, gracias a la venta a Repsol de las gasolineras de la
Carretera de Sevilla y la de Carretera de Badajoz y a las ventas, -la mayoría
ilegales-, de productos pretensados de los fabricados en Vibrados La Estrella
de Los Santos de Maimona.-
De las gasolineras, también
se cansó y contribuyó a su cansancio la incompetente política de ventas que
Repsol puso en marcha, desde la desaparición del monopolio, realizando ventas a
las grandes y pequeñas empresa de transportes y de todo tipo, con precios
mejores y con más largo periodo de pago, que a sus propias instalaciones
petrolíferas, que veían en ello una competencia difícil de superar y de solucionar.-
Por ello decidió, arrendar
la Concesión administrativa que Repsol le había concedido en su contrato de
exclusividad de abastecimiento, realizado en 1.986 y con una duración de
veinticinco años, a Antonio Lavado, gestor de la gasolinera La Florida, por un
periodo de cinco años, desde 1.997 a 2.002.-
De esta forma terminó mi
relación laboral con Antonio Sánchez, quién me despidió cuando Antonio Lavado,
se hizo cargo de las dos gasolineras en 1.997, indemnizándome por dicho
despido, pero sin percatarse de que Antonio Lavado podía contratarme, como así
sucedió y teniéndome que indemnizar de nuevo, cuando su contrato con él llegó a
su fin.-
En estos treinta años, que
hace que habitamos en estas cuatro paredes, ha pasado de todo, hemos conocido
de todo, hemos disfrutado con todo, hemos visto de todo, desde sus ventanas, hemos
sido dichoso con todo, hemos sufrido con todo y hemos llorado con todo, y sobre
todo yo, que de lágrimas y llorinas sé un rato.-
Por ello, cuando ahora se
cumplen treinta años de nuestra adquisición, no tengo más remedio que recordar
todo lo ocurrido, bueno y malo, quedándome solo con la bueno, porque de lo
otro, hasta el nombre no vale.-
A partir de ahora no
sabemos cuánto tiempo estaremos aquí, ni sabemos si seremos consciente de
nuestra estancia, -si en ella habitamos-, por aquello de la pérdida de memoria
con los años, pero de lo que sí estamos seguros Pura y yo, es de la felicidad e
ilusión con la que emprendimos este proyecto y lo felices y dichosos que hemos
sido durante estos años.-
Solo me gustaría que
nuestros hijos y nietos, -aunque éstos aún muy pequeños-, comprendan que un
lugar como éste, donde guardamos tantos y tantos recuerdos; tantos y tantos
momentos entrañables, buenos y malos; tantas y tantas desgracias; tantas y
tantas felicidades, puedan otro día y en otro momento, caer en manos, que nos
sean las nuestras, porque entonces todos estos recuerdos, -que estas cuatro
paredes guardan-, quedarían huérfanos y muertos.- Somos conscientes de que para
vosotros, hijos y nietos, que también habéis saboreado vuestras dichosas
estancias entre sus paredes y habéis sufrido igualmente de vuestras desdichas
entre las mismas, también habéis adquirido cariño y amor sobre ellas,
que hoy, treinta años después han representado tanta dicha en nuestras vidas.-
Por ello creo que tenéis que pensar en conservar este bien, por todo lo que el
mismo ha representado y representará en nuestras vidas.- Vosotros tenéis la
palabra.-
Qué bien escribes papá!!!! Bonito relato de la historia de mi casa, por que aún ya siendo yo propietaria de otro hogar, esa siempre será "mi casa".... ��������
ResponderEliminar