lunes, 20 de septiembre de 2021

El día de la boda

 

Eran poco más de las 9.30 de la mañana cuando oí como una llave abría la puerta de la tienda de la calle Real, cuando me levanté sorprendido, de la silla del pequeño despacho que teníamos en la trastienda, para ver quién era el que aparecía por la puerta, -ya que, al ser domingo, la tienda se mantenía cerrada-.


Fue mi padre sorprendido quien, al entrar y verme allí, me dijo: ¿y qué haces aquí?, ¿no tenías que estar en casa preparándote?, a lo que le contesté que prefería estar allí para ultimar algunas cosas que tenía pendiente.

 

Me comentó si tenía todo listo y que, en caso de tener algo pendiente, se lo indicara ya que se pudiera solucionar, en los días siguientes, en los que yo no estaría.

Seguimos hablando de algunos asuntos del negocio y a renglón seguido me preguntó si teníamos todo resuelto para el viaje y cuál era el itinerario del mismo.

 

Él desconocía nuestras intenciones de viajar a Canarias, ya que yo en ningún momento le había dicho dónde iríamos, porque yo tampoco tenía muy claro si podríamos viajar, puesto que nuestra única posibilidad de llegar a las islas, era que percibiera del Ministerio de Educación y Ciencia, la asignación que me correspondía por las Prácticas de Magisterio que me debían y que hasta algunas fechas antes de la boda no me habían pagado. En ese momento le indiqué cual iba a ser nuestro periplo, cómo íbamos a realizarlo y cuantos días estaríamos en el mismo.

 

Después de explicarle detalladamente todo el itinerario, su pregunta fue: ¿y como vas a pagar ese viaje y el resto de gastos que se ocasionen? Le contesté que ya estaba todo pagado y de donde había salido el dinero. Igualmente le comenté, que una vez que hubiéramos comido, -después de la ceremonia religiosa de la boda-, pasaríamos por el restaurante La Alhambra, que era donde los invitados de Pura, celebrarían la boda y que aprovecharíamos para despedirnos de todos y esperábamos que los invitados nos darían algún dinero y seguidamente de ello, Justo Lázaro, el taxista, nos llevaría a Mérida, para tomar el tren que nos trasladaría a Madrid. Le facilité el hotel de Madrid y en el que estaríamos en Palma de Gran Canaria, durante los siete días que pasaríamos en la isla.

 

Después cambiamos impresiones de la boda y me preguntó si sabía lo que iba a hacer, y me aconsejó que el matrimonio era para toda la vida, que en todo momento estuviera al lado de mi mujer, que la amara y respetara y que siguiera el ejemplo de aquellas parejas que siempre habían estado unidas y que el respeto, la comprensión y la tolerancia prevalezca siempre en la relación de pareja.

 

 

No pudimos aguantar más nuestras lágrimas cuando, en un momento de sorpresa, me dijo: que pena que tu madre no esté con nosotros hoy, estaría muy feliz y dichosa de verte subir al altar. Nuestros ojos se llenaron de lágrimas y nuestras gargantas enmudecieron y un nudo duro y doloroso se apoderó de mi faringe, que me impidió ningún comentario. Después de un momento de elocuente silencio y secado de lágrimas nos abrazamos y abandonamos la tienda, mi padre subió al coche y yo emprendí la marcha hacia la casa de Pura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El futuro soñado

  I En horas largas de arduo sacrificio, dejaste sueños por un noble afán, renunciando al descanso y al diván de momentos con famili...