sábado, 13 de noviembre de 2021

Los Colmados de ayer


 

Cuando vas a Carrefour u otras plataformas

y observas tanta opulencia

piensas que esa es la esencia

del comercio en sus formas

 

Nadie puede imaginar, por ello

viendo tal espectáculo de abundancia y riquezas

que detrás de este escenario

haya tanto trabajo, esfuerzo, e incluso vilezas

 

Nadie se acuerda ahora, a pesar de la poca distancia

las veces que acompañamos a nuestras madres

a hacer la compra en La Lonja, Torrico o La Valenciana

antes de que nos llegaran las nuevas ideas americanas.

 

Llegabas a estos lugares y antes de empezar a comprar

tenías que pedir la “vez”, o el turno, para llegar tu momento

y llegado este te atendía con toda educación y amabilidad,

Manolo, Pedro, Pepe, Antonio, Ángel o Tomás

 

Que con toda la ilusión dé atenderte como mereces,

te exponía con detalle, todo aquello que poseía,

para que tú, con tu experiencia recogiera la esencia,

de lo que más te convenía.

 

Entrabas en aquel santuario y mirando hacia arriba embelesado

observabas con detalle aquel artesonado

de Chorizos, Lomos y Jamones

que, con tanto delirio, disipaban nuestras aflicciones.

 

Si mirabas hacia abajo, veías un gran  mostrador

de pura madera blanca y limpia, cepillado y brillante, sin astillas

donde con cuidado, esmero y cariño se posaban tantas maravillas,

para cubrir, las necesidades, caprichos y antojos del comprador.

 

Sobre cualquier parte del mostrador, la balanza

símbolo de la honradez y justicia

qué con su trabajo y precisión, evitaba la codicia

gratificando al comprador, con muestras de alabanza

 

A todos lados, se observaban todo tipo de mercancías,

Tomates, Sardinas, Caballas, Júreles en conservas

Garbanzos, Lentejas, Alubias, Arroz y si observabas

todos ellos en rudos envases de maderas, como entonces se comerciaba.

 

 Entre tantos tipos de envases,

 también había latas de conservas de pescados

 que todos ellos aderezados y preparados

 cubrían todo tipo de necesidades.

 

 No hay que olvidar las aromas y olores

 que aquellos espacios dejaban

 por supuesto, -no era como las flores-,

 pero que a todos nos agradaban,

 

 No existe comparación, con los “súper” de ahora

 que con sus prisas y bullicios

 se olvidan de dar confianza y servicios

 tan arraigados otrora.

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