martes, 16 de noviembre de 2021

Vivir

 

Vivir. ¿Puede haber algo más sencillo y al mismo tiempo más importante y completo para una persona de edad avanzada, que vivir? Cuando el ser humano llega a ciertos años en el que el único futuro que distingue en el horizonte de su vida, es la muerte, tiene que tener un apego especial por la palabra "vivir".

 Éste es el único objetivo a corto plazo, porque el largo plazo, ya no existe para él, ni forma parte de su vida, ya que la subsistencia de un día más, abre la pequeña y diaria ilusión, de permanecer más tiempo en este mundo.

 Si bien es cierto, que nos espera el Paraíso en el otro mundo, nadie de los que ya lo han visitado, ha venido a indicarnos y a contarnos, su estancia en tan delicioso lugar.

Y con esto no quiero decir que no sea cierto y que la promesa de todos los católicos, de estar al lado del señor en el cielo no se cumpla, sino que el Paraíso soñado o el Cielo prometido, sea este mismo mundo en el que estamos y vivimos y nuestro Cielo y Paraíso lo hayamos tenido que lograr, en el tiempo en que en él permanecemos.

Es decir que, si has sido buena persona, si has respetado al prójimo, si has cumplido con los mandamientos, si has ido bien por la vida: cumpliendo con tus obligaciones, respetando a todo el mundo, a sus hechos, condiciones y formas de proceder, amén de otras muchas cualidades y cumplimientos más, hayas llegado a tu destino, … la vida eterna.

Si por el contrario no ha sido así y tu vida ha sido un camino de espinas y contratiempos, si la sociedad no se ha portado bien contigo, o tu con ella y has tenido que sufrir todo tipo de penalidades y sufrimientos y a ellos has respondido con violencia, insultos y revanchas, puede que ese calvario que has padecido durante toda su estancia en la tierra, puede que haya sido tu infierno.

Éstas son las únicas conclusiones a las que podemos llegar, después de mucha meditación y de muchas conjeturas. Las únicas que tienen algo de consistencia y de objetividad, por los casos que hemos conocido a lo largo de nuestra estancia aquí y es lo más consistente a lo que nos podemos agarrar para convencer a nuestra conciencia de nuestras objeciones.

Por ello creo, a mi escueto y torpe entender, que más allá de esta vida no hay otra, que la resurrección fue única y exclusivamente para Jesucristo, hijo de Dios y que los hijos del todopoderoso, a pesar de lo que el profeta Isaias (26:19) dijo que: “Jesús devolverá la vida a los muertos, hará que se levanten los cadáveres y que se despierten los que están acostados sobre el polvo”, no volveremos aunque todo ello choque frontalmente con el dogma de fe de la doctrina católica, en la que nos anima a salvar nuestra alma, ya que será esta la que ocupe lugar en el Paraíso.

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